La mirada del niño

Los niños y su incansable energía, su capacidad para sorprenderse de la vida y sacar jugo y partido a todo. Me encanta cuando a pesar de estar veinte horas jugando, cuando les dices eso de: "nos vamooooossss", ellos siempre responden "jooooo ahora que estábamos en lo mejoooorr!". Siempre están en lo mejor, da igual el tiempo que haya pasado y lo que estuvieran haciendo.

Me fascina observarles contándose historias al oido, seguro que para ellos los grandes secretos de la vida y sus pequeños grandes descubrimientos. La capacidad que tienen para enlazar una historia con otra, un acontecimiento con otro, y con todo eso hacer un gran relato hasta de las cosas más sencillas.

Me encanta su capacidad para sorprenderse y fascinarse ante la vida, todo es nuevo, emocionante, un reto, una aventura. Su capacidad para improvisar y hacer de todo un gran acontecimiento. Su faceta dramática, insuperable hasta para el mejor de los actores, con esa pose melodramática a lo Dama de las Camelias cuando consideran que algo no les conviene.

Esa capacidad para obtener congruencia hasta de lo más incongruente. Esa elocuencia en el discurso cuando se ven seguros de algo.

Ese saber decir te quiero y darte un abrazo porque sí, sencillamente porque lo sienten, sencillamente lo hacen sin más.

Esos Locos bajitos, que cantaba Serrat, nos dan lecciones diarias a los adultos de la profundidad de la vida sin hacer drama, de la importancia del vivir y saber hacerlo a cada momento con su mirada sencilla y limpia, su inocencia y capacidad precisa en el vivir sin más.

Gracias a ellos sabemos lo que significa AQUÍ Y AHORA, sin existir otro momento, exprimiendo cada instante haciendo lo que sencillamente toca.