¡Feliz Navidad!!

El Mantra de la "Suerte"

Hoy de nuevo, como todos los años desde que soy pequeña, suena el mantra de la esperanza para muchas gentes. Hoy más que nunca, supongo que la gente permencerá atenta a su posible futuro. Pero de manera independiente al hecho de que pudiera llegar a tocarme o no la lotería, este día, para mi, invoca el inicio de un cambio de ciclo.

Desde que soy pequeña, las voces de estos niños, auguran el incio de un conjunto de rituales que traen consigo la luz , la alegría, la risa, las lagrimas de emoción y la esperanza de que las cosas pueden cambiar y ser mejores. En definitiva, se instala en mi corazón la Ilusión, sin la cual, es muy dificil vivir, sobre todo en los tiempos de incertidumbre y miedo en los que nos hemos instalado.

Por eso, desde lo más profundo de mi corazón anhelo que todos seais muy felices, alcanceis la paz, la serenidad, la esperanza y la alegría que son tan necesarios para este nuevo ciclo, en el que además nos vamos a adentrar en una nueva Era.

Por eso, e imitando a estos niños de San Ildefonso (ponedle el soniqiete):

DOS MILLLLLLLLLLL DOOOOCEEEEEEEEE,  CUA-TRO-CIENTOS-MILLLLLLLLLLLLLL BEEEEEEEEEEEESOSSSSSSSSSSSS!!!!


Aquí no pasa nada

¿De verdad?
Hace ya algunas lunas que me vengo cuestionando esto de la "naturaleza humana". Cada día que pasa, la Humanidad no deja de sorprenderme, y sinceramente no sé como tomarme este "descubrimiento" de mi todavía ASOMBRO, ante la actitud de la Humanidad frente a determinadas circunstancias de la vida.
Hace tiempo que dejé de creer en eso de las "revoluciones", en eso de los cambios drástricos y "construcciones" de nuevos mundos, porque no nos engañemos, mundos hay muchos, y están todos en este.
Lo que verdaderamente tendríamos que descubrir es que Mundo, de todos esos que son posibles y ya existen, queremos empezar a compartir.
Digo que no deja de sorprenderme la Naturaleza Humana, porque hoy en día están pasando muchas cosas, cosas verdaderamente importantes, "cosas" que no deberían dejarnos indiferentes y que sin embargo, ante ellas, permanecemos impasibles, como anestesiados, como si la cosa no fuera con nosotros. Hoy día, más que nunca, me acuerdo de los versos de Bertolt Brecht: (...) luego vinieron a por mí, pero para entonces,ya no quedaba nadie que dijera nada.
¿De verdad no pasa nada?, ¿de verdad, no NOS pasa nada?, ¿de verdad no vamos a HACER, nada?.
Decía antes, que ya no creo en las "revoluciones", ni en los cambios dástricos, pero indudablemente tampoco considero que la pasividad y el pasotismo sea el camino para lograr el Cambio. Aristóteles decía que el Camino hacia Verdad se encontraba en el JUSTO MEDIO; y por tanto quizá, tal vez, sería oportuno que empezaramos a cuestionarnos algunas de esas cosas, que hasta la fecha nos hacen quedarnos impasibles.
¿Cúal es el Camino?, quizá podría ser el de darnos cuenta y hacernos conscientes, de que detrás de cada una de las historias que nos cuentan a diario, lo que hay detrás son personas, seres humanos que precisan del apoyo y comprensión de otros seres humanos para continuar caminando.
Por eso, es muy importante, que no olvidemos el hecho de que podemos cambiar los versos de Bertolt Brecht y decir: un día vinieron a por mí, y fue entonces cuando una masa ingente de personas ME TENDIERON SU MANO...

Nada te turbe...

Nada te turbe, nada te espante todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta...

Mirar al infinito con el estomago encogido, intentando no dejar aflorar en tu rostro la tristeza, a veces es un ejercicio de profunda bondaz y madurez que hemos de hacer por las personas a las que queremos.
Todo tiene un por qué, y todo pasa por algo y aquello que tenga que ser será, nos pongamos como nos pongamos. Y hay que aceptarlo.
Sin embargo en ocasiones te encantaría tener una portentosa varita mágica, para cambiar las cosas. Pero no puedes, y entonces es cuando hemos de comprender que la vida es un devenir de sucesos constantes, en los que unos nos gustarán más y otros menos, pero en cualquier caso todos ellos tienen su por qué y su lugar.
En la vida hay que respirar hondo y confiar, sonreir, aceptar y compartir. Disfrutar de los momentos que te vaya regalando y sobre todo ser valiente.

Poner la vida en el Centro

Para los afortunados que hemos nacido en un país occidental, se nos dice que vivimos en países desarrollados y ricos. Dicha denominación viene dada, fundamentalmente, por nuestros índices económicos sustentados en el PIB y por tanto en la capacidad adquisitiva de nuestras sociedades. Sin embargo, las preguntas obligadas son:  ¿realmente somos tan ricos?,  mejor dicho ¿de verdad somos ricos? y si es así ¿en qué somos ricos?...
Una vez que hemos llenado nuestras cuentas bancarias, nuestras casas y nuestros hambrientos estómagos occidentales,¿ sentimos satisfacción, paz, plenitud?…entonces, ¿en qué somos ricos?.
Envuelto en un bonito papel, se nos entrega un caramelo de insatisfacción permanente, sencillamente porque para pertenecer de forma “normalizada” a este “nuestro mundo”, hemos  de permanecer en un crecimiento económico y material ilimitado, y esto, no nos engañemos, es totalmente opuesto al mantenimiento de la vida, y nosotros, no lo olvidemos, formamos parte de esa VIDA y cuando negamos su existencia y su equilibrio, estamos negando nuestra propia existencia, nuestro propio equilibrio y con ello nuestra propia felicidad.
¿Cuándo alcanzamos la Paz? ¿ quizá cuando nos hemos comprado todo lo que deseábamos?, y después ¿Qué ha ocurrido después?.
Con todo esto, no estoy hablando de dejar de comprar o de consumir, estoy hablando de poner Conciencia y de ser Conscientes del hecho de necesitar menos, para vivir mejor. Que poniendo la vida en el centro podemos construir un mundo en el que lo importante vuelvan a ser las historias de la abuela contadas al “amor de la lumbre”, las cenas con los amigos conversando de cuestiones tan vitales y trascendentales como sus propias vidas, los cumpleaños celebrados a base de una buena “merendola” con los amigos de clase, de que jugar y divertirse vuelvan a ser una prioridad.
Poner la vida en el centro, supone mirarla tanto a ella como a la existencia humana  con los ojos de la Compasión, de la Bondad y del Bien Absoluto. En definitiva poner la vida en el centro, supone ver la vida con la mirada de un niño, llena de oportunidades, sorpresas y cosas por compartir.

Quiero Sentir que Vivo

Hace ya algunas lunas que ese sentimiento me invadió, fue en una maravillosa  e inolvidable Nochevieja, en la que para mí se abrieron caminos que jamás pensé que pudieran darse. A ese día, o mejor dicho a esa noche, se sucieron muchos acontencimientos absolutamente maravillosos que en definitiva se tradujeron en un profundo sentimiento de Amor y Serenidad profunda.
Esos sentimientos y esas vivencias vinieron precedidos del descubrimiento de una canción que reconocí como propia, porque en lo que ella se relataba me vi a mi misma, en ella ví y sobre todo SENTÍ al grito ahogado que durante mucho tiempo estaba reprimiendo dentro de mi Ser.
Ahora, de nuevo, en estos tiempos de incertidumbre y profunda oscuridad vuelvo a sentir la imperiosa necesidad de gritar: QUIERO SENTIR QUE VIVO!.
No quiero negar las evidencias que a todos nos rodean, pero me niego rotundamente a pensar que la vida es eso que nos obligan a "masticar" a diario y que en definitiva se llama MIEDO. Amo la vida y quiero sentir que vivo, que vivo por mi misma y por el conjunto de personas que la vida me ha regalado para que compartamos tiempo juntos, que en definitiva es lo que sencillamente hemos venido a hacer a este Mundo, compartir tiempo con las personas a las que amamos. Dentro de mí cada vez se hace más fuerte la convicción, de que si fueramos capaces de hacernos la vida más sencilla, de vivir más humildemente, y no solo en el plano material sino, en el sencillamente humano, TODO comenzaría a cambiar.
Si comenzaramos a trabajar por las cosas que anhelamos, en lugar de luchar por las cosas que deseamos, algo cambiaría, quizá sería un cambio pequeño, pero ese cambio se formularía de manera profunda, consciente, serena y amable, primero dentro de nosotros mismos y más tarde lo veríamos reflejado fuera, en el micromundo que habitamos, primero, y en el resto del mundo después.
La Humanidad entera se merece SENTIR QUE VIVE, se merece saber que el Mundo es algo bello y que la VIDA es un camino que merece la pena ser Caminado.
Por eso aquí os regalo "mi canción", y os invito a anhelar que QUEREIS SENTIR QUE VIVIS...


Toc Toc El frío Llama...

Ummmm, no lo oleis?, es el frío, por fin ha llegado, por fin nos abraza y nos hace ver la vida de otro modo. Sí, ya sé lo que pensais muchos, que el frío es algo horrible que nos encoge, nos encierra en nosotros mismos y nos hace estar más tristes. Pero que quereis que os diga, cuando salgo a la calle y comienzo a oler a frío, algo dentro de mí se estremece, se conmuve y se emociona. Lo cierto es que el frío me recuerda a mi infancia, a la Navidad, al olor de castañas recién asadas, al olor de lumbre y leños quemados que afortunadamente aún hoy se huelen en algún ricón de Talavera. Cuando me llega alguno de estos olores, cierro los ojos y respiro profundamente dejándome invadir por las sensaciones y sentimientos que cada uno de esos olores despiertan en mí.

El invierno es mágico; mágico y misterioso.Es una época que nos invita al recogimiento, a la reflexión, a parar y mirar dentro de nosotros. El invierno es la época de respirar honda y profundamente, de sumergirnos en la supuesta oscuridad de sus días para adentrarnos en los más recondito de nosotros. El invierno es el momento de recapitular y hacer memoria de nuestra existencia y de nuestra vida, es el momento del presente, del instante, del ahora...
Aprovechemos esta época para RESPIRAR-NOS, parar y observar con detenimiento lo maravilloso que es el mundo y nuestras vidas, lo afortunados que somos por lo que hemos vivido y por lo que nos queda por vivir. El invierno parece oscuridad, pero en el fondo, en esta época, es cuando más luz hay, ya que nos mueve la LUZ de la Esperanza.

Comienza el Camino

Había soñado durante años con aquel viaje, y ahora por fin, se encontraban frente a frente. La "Llamada de la Montaña" invadió su corazón y su alma, ya nada sería igual, la Danza del Annapurna daba comienzo...


Hay cosas que solo pasan una vez en la vida. Y solo nos ocurren una vez, porque por más que nos empeñemos, la vida está construida de pequeños instantes, fugaces, pasajeros, IRREPETIBLES.



Cuando miré desde lo lejos, por primera vez, los Himalayas algo cambió dentro de mí, algo se estremeció, ALGO dejó de ser lo mismo. ¿El qué?, realmente no lo sé, tan solo sé que esto ocurrió hace dos años y que desde entonces sigo sintiendo desde lo más profundo de mi corazón “La Llamada de la Montaña”.

Esas montañas tienen y emanan algo inexplicable, algo mágico y casi ascético. Cuando las miras no puedes evitar sentirte “pequeño” ante su admirable Grandeza, que te inunda, te emociona y te conmueve. Si sientes que la Montaña te “alcanza” te haces parte de ella, y ella de tí, ya no hay vuelta atrás, habeis sellado un compromiso eterno, es ahí donde comienzas a sentir que la vida ES, sencillamente, OTRA COSA.